Por fin Roma

7 abril 2010

Esta semana santa me he ido, como las campanas, a Roma. Un viaje que empezamos pensando, vaffanculo, Tina!!!!, que íbamos a contramanno, y a ratos fue así…, sobretodo porque más de una y de dos veces nos hemos quedado a las puertas e incluso nos las han cerrado en nuestras narices. Pero, para mí, que no lo conocía ha sido el descubrimiento fantástico de una ciudad que me daba pereza visitar, y en la que he dejado muchas “causas” pendientes, alguna de las gordas!!!.

El primer día fue de visita a los Foros, Palatino y la Vía Apia, visitando por el camino una curiosa cerradura en la calle de S. Sabina, en algún lugar indeterminado de Roma, por la que se veía la cúpula de San Pedro. Todo de la mano de una guía de excepción, la madre de Tina, y una traductora, la propia Tina, que también puso lo suyo, sobretodo la paciencia, que le sobra.

Y una cosa esta clara, o visitas los Foros con alguien que te los explique o lo único que ves son un montón de piedras y edificios en ruinas y de lo que ya no esta no tienes noción, (bueno o te llevas el conocimiento puesto, que no era nuestro caso). De paso por la zona visitamos la columna de Trajano, que en espiral a lo largo de la columna narra las victorias de Trajano sobre los dacios en relieve, y vimos los foros imperiales desde fuera. Parece que cada emperador se hacía el suyo, y claro hay varios. Y después la primera puerta en las narices, la de las catacumbas, que llegamos a la hora del cierre. Pero nos dimos un paseo por la vía Apia, que no es que actualmente tenga mucho aunque las tumbas al borde algo permiten intuir lo que fue.

El día lo terminamos viendo un concierto en el ConTestaccio, un garito totalmente recomendable en el barrio del Testaccio, donde se puede comer, beber y escuchar música en directo. Nosotras solo vimos un concierto de los varios que había, pero muy bueno.

El segundo día lo dedicamos al centro, lleno de plazas, un placer para pasear mirando a todas partes, entre ellas hacia arriba para descubrir áticos de ensueño llenos de vegetación, yo ya elegí el mío y espero poder ir algún día a tomar posesión.

Nuestro paseo empezó por la plaza de Barberini (con desayuno turista a precio turista, gua!!), para seguir hacia la merecidamente encumbrada plaza de la Fontana de Trevi, of course tiramos una moneda, y 2, y 3…

De ahí nos fuimos en busca de la plaza preferida de la madre de Tina, la de San Ignazzio, muy bonita si se mira de espaldas a la iglesia, y no tanto si se mira de frente a la desproporcionadamente grande iglesia de San Ignazzio. Siguiente parada plaza de la Rotonda, con el Panteón que esta increíblemente bien conservado, y que tiene una curiosa cúpula con un agujero en medio, y que por lo visto es un misterio como consigue mantenerse en pie.

La plaza de campo di Fiori, para verla con el mercado, vistoso, y donde vendían entre otras cosas las estupendas alcachofas que tienen en Italia.

Y Plaza Navona, aquí parece que Bernini y Borromini hicieron patentes sus diferencias.

Ya un poco alejado, sobre el río Trevere, visitamos el puente de San Angelo y el castillo desde fuera. El puente está custodiado por unas estatuas bellísimas. Un poco cursi lo de bellísimas, pero así son:

Del otro lado del río visitamos el Trastevere, donde me gustaría vivir si estuviera en Roma (claro que es una contradicción, porque mi ático está al otro lado del río) y tomamos el aperitivo romano.

Por la noche Enrico nos llevo al Circulo de los artistas, un lugar peculiar para salir por la noche, sobretodo teniendo en cuenta que esta en Roma y no a las afueras, con un jardín inmenso con varias barras, piscina, hoguera (que la noche estaba fria) . No esta mal la noche romana.

El domingo de Pascua lo celebramos como si fuéramos auténticas romanas, fue un Perdidos en la tribu en Roma. Sin salir de casa, excepto para que nos cerrarán en nuestras narices la puerta del cementerio ortodoxo. Pero lo disfrutamos, con huevo de pascua y siesta incluida, oyendo la lluvia y el viento fuera que poco o nada invitaban a salir.

El último día decidimos que íbamos a entrar en San Pedro, en el Coliseo,… Esas cositas que hay que visitar porque se lo merecen. Al menos lo vimos desde fuera:

Como no se dio terminamos yendo a San Giovanni, por recomendación de una señora encantadora que nos encontramos en el tranvía. Y que no estaba mal, con su propia Pasión:

Pasando antes por alguna plaza que nos faltaba, la del Popolo y Plaza España, con las escaleras abarrotadas de gente, que es lo que tiene no madrugar, pero en este caso creo que el encanto esta también en la gente que “decora” las escaleras de la plaza.

Nos hemos sentido muy bien acogidas en Roma, en primer lugar por la familia de Tina, por los amigos, y por los romanos en general. Volveré, porque me encantó y porque me quedan muchas puertas que cruzar, plazas que descubrir, comida que probar,….

Una curiosidad, Raquel se hizo gigante en Roma:


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