Etiopia: Un viaje a otro mundo y otra época

30 agosto 2010

Etiopia se nos ha revelado como un país sorprendente, en gran parte por el desconocimiento previo, por ideas preconcebidas…, y eso que algo ya intuía, aquello que me llevo a pensar que era una buena puerta de entrada para descubrir el África negra. Creo que es un país lleno de peculiaridades dentro de su continente, peculiaridades como su religión mayoritaria, cristianos ortodoxos, como el hecho de no haber sido colonizados, haberse desarrollado “libres” sin dueño que les explotara, aunque a ratos por allí pasaron los italianos a hacer de las suyas.

En el sur el mayor atractivo son las diferentes etnias, cada una de ellas con sus particularidades, que para nosotros se reflejan principalmente en la forma de vestir. Visitamos a los Mursi, las mujeres con un plato en la boca y los hombres con un kalasnikov.

Nos dijeron que eran peligrosos, pero para nosotras fue una visita muy amigable intercambiando fotos por cuchillas, jabones y cerillas.

La peor visita la de los Danesha, mucha gente pide dinero por fotos (“one photo one bir”), pero aquí al entrar en el poblado, a gatas a través de una valla de sarmientos, estaban todos en grupo preparados para el negocio de las fotos, que por otro lado considero totalmente lícito, pero dado que ya se paga por entrar en los poblados se debería incluir ahí el derecho a las fotos, o pagar un poquito más en caso de que se quiera fotografiar.

Los mejores sin lugar a dudas los Hamer, entre otras cosas por como lo tienen organizado, asistimos a una ceremonia de bull jumping.

Y al día siguiente a la celebración en su poblado, con barbacoa y baile, nos dejaron ver el baile, pero de catar la barbacoa nada. Aquí no hay negocio con las fotos, pagas por visitar el poblado pero te delimitan donde y a quien puedes hacer fotos.

En todos los casos un buen sitio para “convivir” con ellos son los mercados, y en esto visitamos el de Key Afer y el de Dimeka.

El norte es una visita un poco más histórica, con paisajes espectaculares, tan verde y montañoso que a ratos olvidamos que estamos en Etiopia por culpa de esa idea preconcebida de tierra marrón agrietada por la sequia que llevamos. Recuerda más a Suiza, o incluso Asturias/Galicia, y solo nos devuelven a Etiopia las cabañas de paja y barro y la gente caminando. Porque en Etiopia la gente camina, las carreteras están siempre llenas de ganado y de personas, sobre todo cuando hay algún mercado cerca.

Y lo mejor de la visita por el norte las cataratas del Nilo Azul.

Que Pedro Páez descubrió como primer europeo hace ya 5 siglos, personaje quizás un poco olvidado por la historia y que de la mano de Javier Reverte me acompaño en algunos ratos de camino a Bahar Dar.

Y por supuesto las iglesias de Lalibela, escavadas en la roca imagino que con mucho trabajo, y que a ratos nos toco verlas entre lluvia.

También pasamos unos días en Addis, quizás más de los que deseábamos, y ahí vivimos la mejor cara de Etiopia, la de la clase media-alta, de la mano de Mesfena, que fue una perfecta anfitriona para nosotras.

Lo dicho, todo un descubrimiento, para nosotras, porque otros lo descubrieron antes, claro.


Por fin Roma

7 abril 2010

Esta semana santa me he ido, como las campanas, a Roma. Un viaje que empezamos pensando, vaffanculo, Tina!!!!, que íbamos a contramanno, y a ratos fue así…, sobretodo porque más de una y de dos veces nos hemos quedado a las puertas e incluso nos las han cerrado en nuestras narices. Pero, para mí, que no lo conocía ha sido el descubrimiento fantástico de una ciudad que me daba pereza visitar, y en la que he dejado muchas “causas” pendientes, alguna de las gordas!!!.

El primer día fue de visita a los Foros, Palatino y la Vía Apia, visitando por el camino una curiosa cerradura en la calle de S. Sabina, en algún lugar indeterminado de Roma, por la que se veía la cúpula de San Pedro. Todo de la mano de una guía de excepción, la madre de Tina, y una traductora, la propia Tina, que también puso lo suyo, sobretodo la paciencia, que le sobra.

Y una cosa esta clara, o visitas los Foros con alguien que te los explique o lo único que ves son un montón de piedras y edificios en ruinas y de lo que ya no esta no tienes noción, (bueno o te llevas el conocimiento puesto, que no era nuestro caso). De paso por la zona visitamos la columna de Trajano, que en espiral a lo largo de la columna narra las victorias de Trajano sobre los dacios en relieve, y vimos los foros imperiales desde fuera. Parece que cada emperador se hacía el suyo, y claro hay varios. Y después la primera puerta en las narices, la de las catacumbas, que llegamos a la hora del cierre. Pero nos dimos un paseo por la vía Apia, que no es que actualmente tenga mucho aunque las tumbas al borde algo permiten intuir lo que fue.

El día lo terminamos viendo un concierto en el ConTestaccio, un garito totalmente recomendable en el barrio del Testaccio, donde se puede comer, beber y escuchar música en directo. Nosotras solo vimos un concierto de los varios que había, pero muy bueno.

El segundo día lo dedicamos al centro, lleno de plazas, un placer para pasear mirando a todas partes, entre ellas hacia arriba para descubrir áticos de ensueño llenos de vegetación, yo ya elegí el mío y espero poder ir algún día a tomar posesión.

Nuestro paseo empezó por la plaza de Barberini (con desayuno turista a precio turista, gua!!), para seguir hacia la merecidamente encumbrada plaza de la Fontana de Trevi, of course tiramos una moneda, y 2, y 3…

De ahí nos fuimos en busca de la plaza preferida de la madre de Tina, la de San Ignazzio, muy bonita si se mira de espaldas a la iglesia, y no tanto si se mira de frente a la desproporcionadamente grande iglesia de San Ignazzio. Siguiente parada plaza de la Rotonda, con el Panteón que esta increíblemente bien conservado, y que tiene una curiosa cúpula con un agujero en medio, y que por lo visto es un misterio como consigue mantenerse en pie.

La plaza de campo di Fiori, para verla con el mercado, vistoso, y donde vendían entre otras cosas las estupendas alcachofas que tienen en Italia.

Y Plaza Navona, aquí parece que Bernini y Borromini hicieron patentes sus diferencias.

Ya un poco alejado, sobre el río Trevere, visitamos el puente de San Angelo y el castillo desde fuera. El puente está custodiado por unas estatuas bellísimas. Un poco cursi lo de bellísimas, pero así son:

Del otro lado del río visitamos el Trastevere, donde me gustaría vivir si estuviera en Roma (claro que es una contradicción, porque mi ático está al otro lado del río) y tomamos el aperitivo romano.

Por la noche Enrico nos llevo al Circulo de los artistas, un lugar peculiar para salir por la noche, sobretodo teniendo en cuenta que esta en Roma y no a las afueras, con un jardín inmenso con varias barras, piscina, hoguera (que la noche estaba fria) . No esta mal la noche romana.

El domingo de Pascua lo celebramos como si fuéramos auténticas romanas, fue un Perdidos en la tribu en Roma. Sin salir de casa, excepto para que nos cerrarán en nuestras narices la puerta del cementerio ortodoxo. Pero lo disfrutamos, con huevo de pascua y siesta incluida, oyendo la lluvia y el viento fuera que poco o nada invitaban a salir.

El último día decidimos que íbamos a entrar en San Pedro, en el Coliseo,… Esas cositas que hay que visitar porque se lo merecen. Al menos lo vimos desde fuera:

Como no se dio terminamos yendo a San Giovanni, por recomendación de una señora encantadora que nos encontramos en el tranvía. Y que no estaba mal, con su propia Pasión:

Pasando antes por alguna plaza que nos faltaba, la del Popolo y Plaza España, con las escaleras abarrotadas de gente, que es lo que tiene no madrugar, pero en este caso creo que el encanto esta también en la gente que “decora” las escaleras de la plaza.

Nos hemos sentido muy bien acogidas en Roma, en primer lugar por la familia de Tina, por los amigos, y por los romanos en general. Volveré, porque me encantó y porque me quedan muchas puertas que cruzar, plazas que descubrir, comida que probar,….

Una curiosidad, Raquel se hizo gigante en Roma:


Fez, un laberinto para perderse

18 enero 2010

Si hablamos de una visita turística, Fez es sobre todo la Medina, en el barrio de Fez El Bali, un laberinto de calles que van de estrechas a muy estrechas, de oscuras a muy oscuras, en el que es casi imposible orientarse, a la que se accede por una de sus 14 puertas:

Y que a pesar de ser Patrimonio Mundial de la Unesco está en ruinas, sujeta por vigas de madera que cruzan de lado a lado de los callejones.

Es una lástima porque tiene una belleza que cautiva, a pesar de que la mayor parte de mezquitas y edificios no se pueden apreciar por la falta de perspectiva, por eso y porque no se puede entrar en su interior si no eres musulmán, aunque solo con asomarse a la puerta ya se pueden apreciar los espacios que se esconden tras los altos muros. Afortunadamente de vez en cuando aparece alguna plaza, como la de los latoneros, o se puede entrar a alguna madraza como la Bu Anania, aquí solo en el patio:

O la Sefarine, que casi entramos hasta la cocina, guiadas por unos estudiantes que sin ninguna intención nos llevaron a ver su habitación y se hicieron fotos con nosotras en la terraza.

Y esa es otra de las opciones para recibir los rayos de sol en la medina, las terrazas.

Dicen que es como volver a otro siglo, y en el momento que dejas de ver turistas así es. Con burros y carros transportando cosas de un lado a otro, las mujeres y hombres vestidos con las ropas tradicionales, los talleres de trabajos artesanales,…

Y uno no sabe si desearles progreso o desear que esto no se pierda, quizás sea un precio demasiado alto que unos deben pagar para que otros podamos admirar.

Sin lugar a duda la Medina es la estrella de Fez. Pero mereció la pena salir para visitar el Mellah, antiguo barrio judío, también en ruinas y en él que ya no viven judíos, lo que sí hay son muchas joyerías que parecen ser que regentadas por ellos. Esta en Fez El Jdid, donde encuentra el Palacio Real (con unas puertas muy bonitas, más allá no se sabe…)

Y también se puede visitar el cementerio judío, remanso de paz con sus tumbas blancas y vistas hacia la ciudad con la Nouvelle Ville a la derecha y la medina a la izquierda, aunque no demasiado buenas.

La gente muy agradable, aunque siempre puede aparecer alguno que está a punto de romper esa sensación de arropo, de ganas de hacerte sentir bien, y a la que te descuidas hay alguien que pretende que le sigas para llevarte a algún sitio, en algunos casos por dinero, pero es lícito buscarse la vida, y como nos dijo uno “mejor ganar poco que nada”. Para mí esta escapada ha servido para reconciliarme con el magreb y su gente. Para entrar por fin en un haman, toda una experiencia que repetiré. Sin olvidar la comida, que siempre es un placer allí. Esta vez con el descubrimiento de la Harira, una sopa bastante contundente para reponer fuerzas, y la Bastila, rico pero un poco “empalagoso”, la próxima vez una Bastila para 4 o 10.

Fez era un regalo para Angelita, y ha terminado siendo un regalo para todas (me atrevo a decir….).

Y la próxima vez con un paseo por la ciudad nueva… y las piscinas de los tintoreros que no vimos….

Merece una y más visitas, además por un módico precio y en 1:20 minutos se puede llegar con Ryanair desde Madrid.


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