Si hablamos de una visita turística, Fez es sobre todo la Medina, en el barrio de Fez El Bali, un laberinto de calles que van de estrechas a muy estrechas, de oscuras a muy oscuras, en el que es casi imposible orientarse, a la que se accede por una de sus 14 puertas:
Y que a pesar de ser Patrimonio Mundial de la Unesco está en ruinas, sujeta por vigas de madera que cruzan de lado a lado de los callejones.
Es una lástima porque tiene una belleza que cautiva, a pesar de que la mayor parte de mezquitas y edificios no se pueden apreciar por la falta de perspectiva, por eso y porque no se puede entrar en su interior si no eres musulmán, aunque solo con asomarse a la puerta ya se pueden apreciar los espacios que se esconden tras los altos muros. Afortunadamente de vez en cuando aparece alguna plaza, como la de los latoneros, o se puede entrar a alguna madraza como la Bu Anania, aquí solo en el patio:
O la Sefarine, que casi entramos hasta la cocina, guiadas por unos estudiantes que sin ninguna intención nos llevaron a ver su habitación y se hicieron fotos con nosotras en la terraza.
Y esa es otra de las opciones para recibir los rayos de sol en la medina, las terrazas.
Dicen que es como volver a otro siglo, y en el momento que dejas de ver turistas así es. Con burros y carros transportando cosas de un lado a otro, las mujeres y hombres vestidos con las ropas tradicionales, los talleres de trabajos artesanales,…
Y uno no sabe si desearles progreso o desear que esto no se pierda, quizás sea un precio demasiado alto que unos deben pagar para que otros podamos admirar.
Sin lugar a duda la Medina es la estrella de Fez. Pero mereció la pena salir para visitar el Mellah, antiguo barrio judío, también en ruinas y en él que ya no viven judíos, lo que sí hay son muchas joyerías que parecen ser que regentadas por ellos. Esta en Fez El Jdid, donde encuentra el Palacio Real (con unas puertas muy bonitas, más allá no se sabe…)
Y también se puede visitar el cementerio judío, remanso de paz con sus tumbas blancas y vistas hacia la ciudad con la Nouvelle Ville a la derecha y la medina a la izquierda, aunque no demasiado buenas.
La gente muy agradable, aunque siempre puede aparecer alguno que está a punto de romper esa sensación de arropo, de ganas de hacerte sentir bien, y a la que te descuidas hay alguien que pretende que le sigas para llevarte a algún sitio, en algunos casos por dinero, pero es lícito buscarse la vida, y como nos dijo uno “mejor ganar poco que nada”. Para mí esta escapada ha servido para reconciliarme con el magreb y su gente. Para entrar por fin en un haman, toda una experiencia que repetiré. Sin olvidar la comida, que siempre es un placer allí. Esta vez con el descubrimiento de la Harira, una sopa bastante contundente para reponer fuerzas, y la Bastila, rico pero un poco “empalagoso”, la próxima vez una Bastila para 4 o 10.
Fez era un regalo para Angelita, y ha terminado siendo un regalo para todas (me atrevo a decir….).
Y la próxima vez con un paseo por la ciudad nueva… y las piscinas de los tintoreros que no vimos….
Merece una y más visitas, además por un módico precio y en 1:20 minutos se puede llegar con Ryanair desde Madrid.








Escrito por narayola 




